martes, 4 de octubre de 2022

Nuestra historia de amor: Capítulo 6: The aftermath


 El título de este capítulo está en inglés porque es la mejor palabra para describir lo que pasa después de un evento telúrico, que cambia todo el escenario por completo, y que la palabra secuela, su traducción aproximada al español, no puede describir adecuadamente. En nuestro caso, lo que ocurrió después de nuestra primera experiencia sexual fue así, algo que nos cambió por completo.

De mi parte, me impuse un deber moral, si había llegado hasta ese punto con ella, no era para desecharla como una mera diversión, sino para convertirla en mi esposa y demostrarle mi amor, devoción, compromiso y deber todos los días que estuviera con ella; de su parte, creció la necesidad de saber que yo la amaba de verdad y no la veía como un pasatiempo. A partir del día siguiente me convertí en su sombra, si antes era cariñoso, a partir de ese día multipliqué el amor que le daba por 10, siempre que estaba con ella la abrazaba y besaba constantemente. Luego ella me confesaría que toda esa etapa del noviazgo la consideró la mas maravillosa de su vida, porque se sentía como una reina, por la forma como la trataba, a lo que yo le respondía:

- Es que así es como quería que te sintieras, eras el centro de mi vida, y sigues siéndolo.

También pudimos organizar mejor las cosas y establecimos una nueva rutina en la que incluíamos estas nuevas actividades. Así, los domingos a las 3 de la tarde, la buscaba para salir y casi siempre terminábamos la jornada en un hotel; ya nuestras conversaciones se habían hecho mas profundas y hablábamos de nuestra futura vida en común, nuestros sueños y planes para formar una familia y ser exitosos en nuestras profesiones. Durante ese tiempo recuerdo especialmente un momento mágico que nos ocurrió un día mientras la estaba llevando a la universidad; el campus quedaba al extremo este de la ciudad, casi al frente de otra casa de estudios, la Universidad Metropolitana, y para llegar había que manejar por la llamada "recta de La Urbina" en la autopista del este, que al lado izquierdo tenía a la urbanización de ese nombre y al derecho estaban las barriadas de Petare, pero al frente estaba la montaña del Parque El Ávila y en esos tiempos había llovido bastante; cuando íbamos por esa recta ella me llamó la atención porque se había formado una cascada en la montaña y que se veía muy bella, teníamos sintonizada la única emisora FM existente en la ciudad para ese momento, la Emisora cultural de Caracas 97.7 y en ese preciso momento arrancó esta canción:

Hay momentos en los que parece que el universo entero se detiene y solamente existen dos personas y sus sentimientos, y eso fue lo que pasó en esos pocos minutos, la cascada, la canción y nosotros dos; fue algo tan hermoso lo que nos sucedió allí que no se puede describir con palabras, recuerdo que le puse mi mano derecha en su pierna izquierda, ella puso su mano izquierda encima de la mía y no volvimos a hablar hasta que la canción terminó y dejamos de ver la cascada, cuando me dijo:

- Es el momento mas bello que he vivido.

A lo que le respondí,

- Porque no sea el último y porque vengan muchos otros igual de bellos o mas en el transcurso de nuestras vidas.

Cuando se hace el amor con una persona a la que se ama profundamente, la experiencia siempre es extraordinaria, es como una droga que se riega por todo el cuerpo y permanece allí, es un engrudo que pega a la pareja mas y mas cada vez que se practica, pero también es peligroso, es la trampa que nos pone la naturaleza para perpetuar la especie, y siempre está el riesgo de un potencial embarazo, aunque nos neguemos a pensar en eso ese riesgo siempre va a estar allí, y a pesar de ser muy jóvenes cuando empezamos nuestra experiencia, al menos ya no eramos adolescentes. Gitty me había mostrado su sensualidad innata y la había ido refinando con el tiempo, y de hecho siempre fue así hasta pocas semanas antes de su fallecimiento, tenía esa capacidad para erotizar el ambiente aun antes de quitarse la primera prenda de ropa, era una mujer con la que cualquier hombre habría estado satisfecho, porque era siempre cambiante, siempre tenía sorpresas para mostrar en el momento del amor.

Pero como dije, ese riesgo siempre está allí y es como jugar a la ruleta rusa, en algún momento se va a apretar el gatillo y va a dispararse la bala.

Nuestra historia de amor: Capítulo 5: La castidad y la virginidad perdidas

 La mujer que no ha conocido (en términos bíblicos) varón es llamada virgen, mientras el hombre que no ha conocido mujer es llamado casto; se necesita establecer estas diferencias semánticas antes de iniciar el relato puesto que así se pueden entender mejor las situaciones a ser explicadas. Mientras la virginidad de la mujer no es visible, debido a que el himen se encuentra dentro del canal vaginal, la castidad del hombre está a la vista si el individuo no ha sido circuncidado.

Como había comentado en el capítulo anterior, ya para el primer aniversario de conocernos (no en términos bíblicos) nuestra relación amorosa había subido mucho de temperatura, debido a la intervención de la madre naturaleza y la pulsión de perpetuar la especie; como ni sabíamos manejar esa tensión sexual que ya era mucho mas grande que nosotros ni tampoco sabíamos como manejar potenciales soluciones, esta creció hasta el máximo punto posible y se resolvió aquel día, a partir del cual nos convertimos además de novios, en amantes.

Debo hacer una disgresión previa que se hace necesaria para el relato. Poco después de habernos hecho novios, Gitty me invitó a la playa, junto con una prima y un par de amigas; esto fue algo así como el caso de las salchichas persiguiendo a los perros, porque lo normal es que sea el hombre el que invite a la playa, no la viceversa, y lo que es mas loco, que las muchachas vayan a buscar al sujeto a la casa. Recuerdo que la llegada de ellas al apartamento donde yo vivía causó enorme escándalo en mi mamá, ya que era la primera vez que quienes me iban a buscar para salir no eran hombres.

En la zona costera venezolana existe la costumbre de invitar a las nuevas parejas a la playa para así detallarles los cuerpos y ver si se gustan de forma recíproca, pero para el momento ya estaba tan enamorado de ella que ni falta me hacía (o eso creía yo) verle el cuerpo a mi novia, sin embargo, en cierta forma estaba equivocado, porque lo que vi fue algo espectacular, ella era alta, delgada, de piernas largas y muy bonitas y con el traje de baño entero aguamarina que tenía puesto se le marcaban unas caderas mas anchas de lo que pensaba y una cintura que casi podía rodear con mis dos manos. Tenía un cuerpo de bailarina, completamente proporcionado y definitivamente bello, me costaba creer que ese portento de mujer se hubiera fijado en mí.

Esta disgresión sirve para darle mayor contexto al grado de tensión sexual que había entre nosotros, una mujer espectacularmente bella, preciosa, una verdadera muñeca, y por el otro lado un individuo que no podía creer en su buena suerte; ya la mesa estaba servida para nuestra primera experiencia y eso iba a pasar de un momento a otro, siendo este el domingo 14 de septiembre de 1986, cinco días luego de cumplir el primer año de habernos conocido.

Ese domingo paseamos y caminamos por varios parques y nos dimos cuenta que ya no podíamos seguir esperando, que ese era el día y debíamos actuar, si bien éramos mayores de edad, la premura no nos hizo pensar en ir a un hotel para hacer el amor de una forma mas romántica y con un cierto toque erótico; viendo todo lo que pasó en retrospectiva nos dimos cuenta que simplemente teníamos una necesidad que debía ser satisfecha de inmediato y así lo hicimos.

Al final de la tarde, al salir de un parque, encontramos un lugar solitario muy oculto entre una vegetación bastante espesa y allí mismo, dentro del carro, con las luces apagadas, vidrios subidos y puertas aseguradas, nos hicimos el amor de manera salvaje, a pesar de ser nuestra primera vez, ella virgen y yo casto. Luego del desahogo nos dimos cuenta que habíamos manchado de sangre la tapicería del carro, que por suerte era negra, al romperse nuestros respectivos, a falta de otro nombre, hímenes; así que yo tenía que limpiar ese desastre al día siguiente antes que alguna otra persona se montara y preguntara de donde había salido esa sangre. Nuestra ropa, especialmente la interior, también tenía sangre y eso iba a ser mas complicado de resolver, pero a pesar de todos esos inconvenientes nos sentíamos felices, porque literalmente habíamos logrado consumar nuestro amor.

Años después Gitty acostumbraba tomar nuestra primera experiencia a broma y me decía:

- Ese día yo te iba a decir que iba a romper contigo y no iba a ser mas tu novia, pero conocí a "Perucho" y me dije, esto está demasiado sabroso como para dejarlo.

Yo le respondía, palabras mas, palabras menos, que dudaba que ella hubiese sentido mucho placer en una posición tan incómoda mas el dolor de la ruptura del himen y mi propia inexperiencia y torpeza, que lo que hicimos en ese momento fue un desahogo, pero que luego de esa primera vez, en lugares mejor acondicionados, sí disfrutamos mucho mas.

A partir de ese momento, yo con 20 años y ella con 19, empezamos a actuar no como novios, sino como marido y mujer, sabíamos que habíamos mezclado nuestras sangres y nos entregamos mutuamente, ya no teníamos vuelta atrás, éramos el uno para la otra y sabíamos, aunque no lo dijéramos expresamente, que lo único que nos separaría sería la muerte.

lunes, 3 de octubre de 2022

Nuestra historia de amor: Capítulo 4: De cómo las hormonas toman el control

 Luego de aquella noche tan extraordinaria de mi año favorito, empezamos a construir un noviazgo, que no era ni cortés ni platónico, sino un noviazgo serio con intenciones de amor profundo y trascendencia futura; extrañamente fuimos muy serios en nuestra relación, supongo que por el hecho de ser nuestro debut en tales menesteres y al tomar conciencia de los obstáculos que se podían presentar frente a ella.

Nuestra aproximación fue muy adulta, a pesar de nuestra edad e inexperiencia y ella asumió con mucha madurez su rol de novia. La rutina, por darle un nombre, era muy estricta, debíamos cumplir con nuestros deberes estudiantiles y no podíamos reunirnos después de clases porque para ese año la universidad había abierto un nuevo campus en los suburbios del este de Caracas y mudaron a toda la facultad de leyes allá, así que Gitty asistiría a clases en ese campus, mientras que el resto de las facultades continuarían en la vieja sede del centro de la ciudad.

Así las cosas, estábamos separados y era muy difícil vernos en los días de semana, a menos que yo la llevara a clases o la fuera a buscar, pero al no tener carro propio tal cosa era imposible; eso cambió a partir de abril de 1986 cuando mi madre compró un carrito Chevy Chevette que me permitió movilizarme y a veces, cuando la ocasión lo permitía, llevar y/o traer a Gitty de clases, pero antes de esos tiempos no había posibilidad alguna de hacer tal cosa.

Nuestra rutina consistía en hablar por teléfono todas las noches y pasar los fines de semana juntos, bien sea estudiando y haciendo tareas en un parque los sábados y salir a pasear los domingos; podía haber variaciones en las actividades, y a veces, debido a circunstancias familiares, no podíamos reunirnos en un día o un fin de semana; sin embargo hacíamos lo posible para mantener esa rutina, como una pareja establecida. Es de hacer notar que en aquellos tiempos no existían los teléfonos celulares, así que la única forma de llamarnos era a través de las líneas fijas de nuestros respectivos hogares y eso podía ser complicado, ya que era un número de teléfono para todo el mundo, así que hablábamos tarde en la noche, después de las 8:30 para extendernos en nuestra conversación y platicar acerca de todo lo que nos había pasado en el día y los planes que teníamos para el fin de semana.

Tal costumbre la mantuvimos en el tiempo siempre que fuera posible y así, hasta poco antes de su deceso ella me llamaba al final de la tarde al trabajo para comentar su día y preguntar acerca del mío además de hablar sobre otras pequeñas cosas como los deberes de la casa y las noticias del momento.

Estábamos muy enamorados, así que hacíamos lo que todos los enamorados hacen, nos besábamos y abrazábamos mucho, siempre caminábamos tomados de la mano y cuando estudiábamos en un parque nos recostábamos en la grama y yo ponía mi cabeza en su regazo, no tanto porque yo quisiera sino porque a ella le gustaba bastante, y aun hace pocas semanas me decía de lo bien que se sentía en esos momentos tan románticos.

Desgraciadamente, la relación no estaba exenta de problemas, no por nosotros sino por nuestros entornos familiares; de mi parte, tenía una madre poseedora de una larguísima lista de virtudes y un terrible defecto, ser una madre castradora, que no quería verme formar pareja porque deseaba que yo estuviese a su lado todo el tiempo hasta su hora final, y bueno, en mi caso así no podían funcionar las cosas. Por el lado de Gitty todo era un poco mas complicado, ya que su situación tenía ciertas similitudes con la canción "Ligia Elena" de Rubén Blades.

Existía un cierto prejuicio racial y de clase por el hecho de nuestros diferentes colores de piel y el hecho de yo estar varios peldaños por debajo en el nivel socioeconómico. Para rematar, sus padres tampoco querían que ella tuviese ningún tipo de relación amorosa con alguien que ellos no hubiesen aprobado primero, y de hecho hasta tenían ciertos pretendientes favoritos, pero Gitty, que siempre fue como fue, absolutamente indómita y dispuesta a hacer sus cosas a su manera, pues se opuso a tales designios de ver su vida controlada por otras personas y lo hizo al estilo Sinatra.

Esa fue siempre su principal característica, hacer las cosas a su modo, sin que nadie pudiera hacerla cambiar de parecer, y así fue hasta su último suspiro, una mujer fuerte e independiente que siempre buscó su propio camino.

Esos obstáculos que encontramos en nuestra andadura nos hicieron mucho mas bien que mal, porque  servían de estímulo para consolidar nuestra relación, aunque por el bien de ella preferíamos mantenerla oculta a sus padres para que así no sufriera represalias por sus decisiones y pudiese vivir tranquila, así que para su mamá yo era un sujeto condenado a lo que se llama la "friendzone" y no era de temer.


Poco a poco la relación fue evolucionando, como todo noviazgo, de lo platónico a lo pasional, pero así, poco a poco; nos regalábamos muchas cosas, ella me compraba discos de vinilo, de hecho, el primer regalo de navidad que recibí de ella fue la segunda grabación de Rubén Blades con su banda Seis del solar. Yo, esa primera navidad, la de 1985, le regalé unos muñecos de peluche y unas prendas de bisutería fina, en un futuro ya le regalaría joyas reales.

Pero en realidad ya las hormonas iban tomando el control de nuestra relación y nuestros besos y caricias se iban haciendo mas intensos y en un futuro ella me confesaría que durante esas sesiones ella sentía que se iba a desmayar y deseaba llegar mas lejos, sin embargo, buscábamos controlarnos porque ninguno de los dos tenía la menor idea de como iniciar esos procedimientos y debido a que ambos éramos y seguimos siendo personas muy reservadas, no queríamos preguntar a terceros acerca de tales actividades. Sabíamos la teoría del sexo, pero no teníamos idea de como llevar eso a la práctica. Al final, al año de conocernos, las hormonas nos hicieron jaque mate, pero eso es tema para otro capítulo.

domingo, 2 de octubre de 2022

Nuestra historia de amor: Capítulo 3: Somos novios


 28 de septiembre de 1985, el gran día, el día decisivo, el día de la verdad. En realidad debería decir la noche, porque esa era la gran noche donde iríamos a una fiesta en la que le propondría que fuera mi novia, aunque no tenía ni la menor idea de como hacer tal cosa. No tenía muchas oportunidades de ir a fiestas porque a mi mamá no le gustaba que fuese a tales eventos y me era sumamente difícil lograr el permiso para ir, pero cuando iba con mi hermano mayor tal permiso no hacía falta. En esos días se alinearon todos los astros porque un amigo suyo se iba a casar y así lo invitó al matrimonio, como me conocía también a mí la invitación se hizo extensiva a mi persona y a una pareja que pudiera llevar, que por primera vez en mi vida tendría la oportunidad de invitar. 

Mi hermano apareció en la casa para decir lo del matrimonio de su amigo y si yo quería ir, a lo que dije que sí y que iba a ir con una muchacha que había conocido recientemente, aunque para ese momento, antes de ir al cine con ella, no sabía si su respuesta iba a ser afirmativa, cosa que al final se dio y así quedó el camino despejado. Para ese momento ya tenía que buscar consejo y le expliqué a uno de mis mejores amigos mi problema y que me recomendaba hacer; Julio, mi amigo, en el que creo fue el momento mas adulto de todo el tiempo que lo he conocido me dijo:

- Pregúntale si quiere ser tu novia, pero pídele una respuesta inmediata, no la dejes que te diga que lo va a pensar o que le des tiempo, simplemente que te diga sí o no de una vez, así tendrás mayor oportunidad de conquistarla.

Con ese consejo, quizás el mejor que he recibido en toda mi vida, por el que estaré eternamente agradecido y el que cambió nuestra existencia para siempre, me dispuse a ir a la fiesta con Gitty, mi pareja de esa noche y la primera que tenía para ir a una celebración. Esa noche me arreglé lo mejor que pude y vestí mi mejor traje, camisa y corbata, para causarle buena impresión y tratar de no desentonar al estar al lado de ella, como siempre le gustaba decir:

- Una mujer tiene que tener al lado a un hombre que la represente.

Si bien sabía que ella era bonita, hasta entonces nunca la había visto maquillada y vestida para fiesta. La mejor palabra para describirla esa noche es deslumbrante; su abuela sabía coser muy bien y le armó un conjunto que la propia Gitty había diseñado: falda color fucsia a media pierna  con un top color aguamarina y una chaquetilla del mismo color de la falda, todo complementado con unos zapatos rosados de tacón alto; Gitty era una joven alta, de mas de 1,75 metros de estatura, y si bien en aquellos tiempos yo medía 1,82, ella con sus tacones, sus largas y torneadas piernas y su melena castaña se veía mas alta que yo, como una modelo lista para el concurso de Miss Venezuela. 

Al salir de su casa tuvimos que regresar a la mía para que mi mamá y mi tía la conocieran y yo buscar la invitación a la recepción posterior a la boda, que iba a ser en un salón de fiestas a partir de las 9 de la noche de ese sábado. Mientras ella estaba en la sala hablando con mis familiares fui a mi cuarto a buscar la invitación y por la ventana miré por primera vez en mi vida una estrella fugaz (que pudo ser cualquier cosa, un meteoro, un grano de polvo cósmico o hasta un trozo de basura espacial), y también fui lo suficientemente rápido de mente para pedir el único deseo que yo quería ver cumplido en ese momento, que esa hermosísima muchacha fuera mi novia.

Salimos del edificio y detuve un taxi para que nos llevara al lugar de la recepción, y dentro de ese taxi, luego de nosotros montarnos y yo darle la dirección del lugar a donde íbamos al taxista, sucedió algo extraordinario por obra del puro azar, la radioemisora que estaba sintonizada en el automóvil empezó a reproducir la canción "Yo puedo vivir del amor" de Rubén Blades, que combinada con la estrella fugaz que había visto poco antes parecía decir que esa bella muchacha iba a ser el amor de mi vida.

Al llegar al lugar de la fiesta, donde me esperaba mi hermano con su pareja del momento y luego de saludar a los novios y presentarles a Gitty, una persona a cargo de la organización del evento nos llevó a nuestra mesa, donde ella y yo nos sentamos y empezamos a hablar, así estuvimos cerca de una hora hasta que todos los que estaban sentados con nosotros fueron a la pista de baile; ya sabía que estábamos llegando al momento crucial, pero no sabía como llevar la conversación al punto que yo quería, pero ella sin querer o sin querer queriendo me facilitó el proceso:

- ¿Y tú tienes novia?

- No, no tengo novia, ¿tú quieres ser mi novia?

- Sí, ¿por qué no?

A este momento, 37 años después, considero ese uno de los tres momentos mas felices de toda mi vida, solamente comparable con el nacimiento de nuestra hija el 6 de diciembre de 1994 y el día que nos casamos por la ceremonia civil el 28 de enero de 1988. Me sentía tan feliz que pensaba que el corazón se me iba a salir del pecho. La muchacha mas bella que había conocido me dijo que sí, era tanta la felicidad que sentía que la invité a bailar, y en ese preciso instante el DJ puso una canción que estaba pegadísima para ese momento y que era un standard en todas las fiestas.

Luego de bailar seguimos hablando tomados de la mano durante toda la fiesta, en la que tuve la oportunidad de llevarla a la pista de baile con otra canción romántica.

Al terminar la fiesta, nos fuimos con un grupo a un night club de moda llamado Hawaii Kai donde seguimos bailando este par de canciones que puso el DJ una tras otra.


Al cerrar el night club dando punto final a esa noche tan maravillosa, la regresé a su casa y nos despedimos en la puerta, prometiéndonos volver a vernos el día lunes en la plaza frente a la universidad, y en ese momento de la despedida, mi inexperiencia y torpeza cobraron su peaje, cuando en vez de besarla en la boca solamente la abracé, cosa que ella, aun pocos días antes de su fallecimiento, siempre se afanó en recordarme:

- Tú si eras bobo cuando nos hicimos novios, en vez de besarme lo que hiciste fue abrazarme, cuando entré a mi cuarto lo primero que me dije fue "espero que este muchacho se ponga las pilas, porque ni me besó".

Y sí, me puse las pilas.



Nuestra historia de amor: Capítulo 2: Empezando a conocernos



 Se dice que el primer paso es el mas difícil en toda relación, el problema viene cuando en realidad no has dado paso alguno y es ella quien lo ha dado de manera espontánea; esto complica mucho mas las cosas porque no sabes que actitud tomar a ese respecto, así que estás obligado a buscar consejo y en mi caso la situación era mucho peor porque no había hombres en mi vida familiar; tanto mi padre como mi hermano mayor eran básicamente figuras ausentes a quienes no podía acudir porque el primero había desaparecido de mi vida al yo cumplir 11 años. Desafortunadamente tenía dos adicciones que arruinaron su vida: era alcohólico y adicto al sexo, nunca asumió la primera y la segunda causó que tuviese al menos una mujer adicional con varios hijos. Luego de un episodio de violencia doméstica mi madre cortó por lo sano y lo echó de la casa, porque para tener una figura paterna tan dañada era mejor no tener ninguna.

Respecto a mi hermano mayor, en cuanto a mujeres, era exactamente todo lo contrario de mí, si bien físicamente no es un hombre de rostro agraciado, aunque sí de un cuerpo atlético, que eso ayuda bastante, es alguien que posee una capacidad de seducción extraordinaria a través de la forma como le habla a las mujeres, sin importar si son bonitas, feas, bajitas, altas, etc. Su labia para con ellas es su gran virtud y ha tenido todas las que ha querido; yo, en cambio, nunca tuve esas destrezas y por eso a los 19 años ni siquiera había llegado a tener un amor platónico. Lo cierto del caso era que tampoco podía pedirle consejo porque casi nunca lo veía, cada vez que iniciaba un amorío se perdía durante meses y nada se sabía de él, hasta que se aparecía de improviso en la casa, y para ese momento estaba en una de esas ausencias prolongadas.

Así las cosas, no me quedaba otra solución que acudir a mis amigos de la escuela y la universidad, que tenían algo mas de experiencia que yo en materia de mujeres para que me ayudaran, ya que no quería perder la oportunidad de hacer que esa muchacha que me gustaba tanto también gustara de mí, así sea un poco. Pero mientras buscaba consejo no me quedaba otra solución que apelar a mis instintos.

Durante aquel tiempo, iba con frecuencia a la universidad por los trámites de inscripción para el tercer año de la carrera así como solicitar documentos necesarios para renovar la beca que tenía y que pagaba los gastos académicos. Durante esas diligencias pude encontrar el salón donde ella recibía el curso pre universitario y trataba de ver si podía verla en algún receso, pero al mismo tiempo me daba temor que ella pensara que la estaba acosando y procuraba mantenerme oculto, así estuve por tres días de la semana siguiente hasta que ella me hizo señas para que me acercara y pudimos conversar de nuevo, en esa plática me invitó para su casa y el viernes 13 fui para allá, estaba tan nervioso que una prima de ella que fue a abrirme la puerta de entrada al edificio y llevarme al ascensor le comentó acerca de los nervios que yo tenía.

Esa tarde-noche estuvimos hablando muy animadamente por casi tres horas, donde nos contamos un montón de cosas que habíamos hecho a lo largo de nuestras cortas vidas y ella me puso un disco con su canción favorita para ese entonces: "África" del grupo Toto; sin embargo, me comentó que no iba a poder ir a la fiesta a la que me había invitado porque su papá iba a llevar a toda la familia a un club playero en la zona de Barlovento, pero logré convencerla de ir al cine el domingo 22 en la tarde, a sabiendas que la debía llevar a uno de cierto lustre, no a los que iba con mis amigos, que eran cines en el centro de la ciudad con funciones continuadas desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche.


Hasta entonces no le había pedido consejo a ningún amigo y todo lo hacía a sabiendas que debía mostrar algo de iniciativa mientras mostraba lo mejor de mí a esa jovencita tan linda y a quien parecía interesarle. Así llegamos al domingo 22 y la fui a buscar a su casa para ir a un cine llamado Gran Casino que estaba en el centro comercial de moda en Caracas para aquellos tiempos, el Centro Ciudad Comercial Tamanaco, mejor conocido como CCCT; la película que fuimos a ver era una comedia ligera con algo de suspenso y espionaje llamada "Gotcha!" y protagonizada por Anthony Edwards, nada para ganar un premio Oscar ni ser un éxito de crítica, sino para entretenerse un rato en función de 5 a 7 de la noche. No recuerdo del todo el argumento porque buena parte de la película me la pasé viendo su bello rostro cuando ella no se daba cuenta.


Para financiar el paseo había sacado del banco 100 bolívares de los pequeños ahorros que tenía y eso me debía alcanzar para los pasajes de autobús, las entradas y llevarla a comer a algún local de comida rápida, ese día ella se vistió con un blue jean y un suéter muy bonito de color rosado que hacía juego con su piel. Así, al salir del cine fuimos a un restaurant llamado Que Bueno ubicado al lado del cine donde pedimos hamburguesas con papas fritas y merengadas, ella de fresa y yo de mantecado. Luego de comer caminamos un rato por el centro comercial mientras conversábamos y luego la llevé a su casa, aunque tuvimos que hacer trasbordo porque no había bus que llegara directo, y al cruzar una calle para llegar a la parada de la segunda ruta le tomé por primera vez la mano, 37 años después todavía recuerdo su tacto y su calor, es una sensación que jamás olvidaré. Para ese momento ya estaba perdidamente enamorado de ella y esperaba que al menos ella mostrara algún interés en mí.

sábado, 1 de octubre de 2022

Nuestra historia de amor: capítulo 1: San Ruperto


 Hoy, mientras escuchaba esta canción, me dí cuenta que nadie sabía de nuestra historia de amor, que con sus altas y bajas fue muy bella y merecía ser contada. Va a tener mucha música, porque la tuvo por montones; y como es larga, la voy a dividir en capítulos, con un título para cada uno, como si fuese una novela.

San Ruperto

Era el 9 de septiembre de 1985, lunes, aproximadamente a mediodía; en aquellos tiempos yo estudiaba en la Universidad Santa María en Caracas, había terminado el ciclo académico del segundo año de la carrera de administración de empresas y estaba de vacaciones (fue el mejor año de la carrera, donde terminé con notas excelentes, no tuve otro ciclo así hasta mis estudios de postgrado). En esos tiempos, estaba coleccionando unos libros que se armaban por fascículos semanales y un quiosquero amigo que tenía su quiosco de venta de periódicos y revistas en la entrada de la universidad me los guardaba junto con otras revistas semanales y mensuales que compraba en esos tiempos, así que todos los lunes pasaba a buscar mi material impreso y le pagaba al señor por el total de lo recogido.

Ese lunes, luego de cumplir con mi rutina, estaba esperando el autobús para regresar a casa en la parada al frente de la entrada principal de la universidad y tenía cuatro alternativas para el viaje de regreso, una ruta directa que me dejaba muy cerca del edificio donde vivía y otras tres que me dejaban bastante mas lejos pero pasaban con mayor frecuencia; como disponía de algo de tiempo pero no quería esperar mucho, decidí tomar el primer autobús que pasara por la parada, así que el primero fue precisamente el de una línea llamada "San Ruperto" y ese fue el que tomé.

Como se detuvo prácticamente al frente de donde estaba pude abordarlo de primero, me senté en un asiento doble que estaba vacío al lado izquierdo del bus y me puse viendo hacia la ventana; allí subí la mirada y pude ver a las otras personas que estaban entrando, entre ellas estaba una muchacha muy bella, alta, pelirroja, vestida de jeans y un sweater azul con el cabello recogido en una cola de caballo y varios cuadernos en una mano, luego de verla cambié la mirada y me puse a hojear mi revista.

Gran sorpresa me llevé cuando esa misma muchacha se me sentó al lado, me parecía increíble que ella escogiera ese lugar en el bus, pero igual seguí hojeando mi revista; luego de unos instantes en los que parecía que ella estaba mirando por encima de mi hombro, me preguntó:

-¿Por qué las ventanas de ese edificio no están rotas si tiene un helicóptero en la azotea?

Ahí me di cuenta que estaba viendo una fotografía donde unos comandos británicos se bajaban de un helicóptero que se había posado en la azotea de un edificio en Singapur durante el proceso de descolonización ocurrido luego de la Segunda Guerra Mundial, así que procedí a explicarle que a menos que el aparato no se acercara en exceso a las ventanas tal cosa no debería ocurrir; a partir de allí empezamos a conversar acerca de las revistas que tenía y nos presentamos, me llamó mucho la atención su nombre, Gitty, ya que nunca lo había escuchado antes, me explicó que era de origen judío y que a su papá le gustó tanto que quiso ponérselo y así fue bautizada.

Para esos momentos ya estaba llegando a la parada donde debía quedarme, pero tomé una decisión que cambió nuestras vidas, aunque en aquel momento no lo sabía. Decidí continuar hasta la parada en la que ella se iba a quedar para así seguir hablando, estaba hipnotizado por su belleza y no podía dejar de mirarla, así seguimos conversando y cuando nos bajamos del autobús le dije que iba a aprovechar el tiempo para visitar a un excompañero de clases de cuando estudiaba en el colegio; durante el tiempo que caminamos hasta la entrada del edificio donde ella vivía con su familia seguimos conversando animadamente y al despedirnos anotó su número telefónico en un trozo de papel y me lo dio, ya que sus compañeros del curso pre universitario iban a hacer una fiesta y me invitó para que la acompañara. Ese pedazo de papel para ese momento se convirtió en mi posesión mas preciada, y desde luego que recordé una canción de Phil Collins que estaba muy pegada en esos días.

Durante el trayecto a mi casa anduve entre nubes, a estas alturas de mi vida no recuerdo como llegué porque en lo único que pensaba era en aquella muchacha tan hermosa que se había fijado en mí y hasta me dio su número telefónico en un papelito que para mí valía mas que todo el oro del mundo.

Nuestra historia de amor: Prólogo: Gitty

 
Hay amores que son tan intensos que no pueden terminar y trascienden el tiempo y el espacio. Existe una frase común que dice algo así como "te amaré mas allá de la muerte" o algo similar, y al final eso resulta no ser así; con el transcurrir del tiempo se convierte en una frase huera vacía de significado.

Eso no quiere decir que el amor que lo trasciende todo no exista, es simplemente que tal cosa es muy rara de ver porque para que se pueda dar se necesitan parejas muy especiales, donde al menos uno de sus miembros sea tan, pero tan especial que resulte imposible encontrar a alguien similar, no mejor, sino similar; a pesar de todos ser diferentes, existe esa persona que se diferencia del resto por una serie de cualidades y hasta defectos que la hacen única. De alguien así es de quien voy a hablar hoy.

Mi amada Gitty, una mujer única e irrepetible, de quien tuve la fortuna de ser su pareja por 37 años, que fueron demasiado pocos porque me fue arrebatada prematuramente por un cáncer que no se pudo curar, fue alguien extraordinario, alguien que merecía una vida mejor que la que yo le pude dar, y no porque hubiese vivido mal, porque no fue así, sino porque era alguien que necesitaba trascender mucho mas de lo que lo hizo en vida; era alguien inmenso que actuó en un escenario muy pequeño para su enorme tamaño.

Físicamente era una mujer hermosísima, a quien ni siquiera el deterioro físico que genera esa terrible enfermedad le pudo arrebatar su belleza; pero no era solamente eso, su espíritu, tenacidad y valentía eran únicos, fue mi mejor consejera, y siempre encontraba una salida adecuada a todos los problemas. Si bien ella decía que no era muy inteligente, tal cosa era falsa, porque era de una inteligencia enorme y una velocidad mental envidiable; con muchas anécdotas que contar a ese respecto. Fue mi mejor amiga y aunque sea un poco extraño decirlo, puesto que fue la única mujer de mi vida, fue una amante insuperable aun en sus últimos tiempos; tenía un erotismo implícito que la hacía una mujer excitante que podía volver loco a cualquier hombre; ese espeso erotismo que ella tenía es muy difícil de encontrar y sus habilidades amatorias excedían en mucho a las mías, a pesar de tener ambos la misma experiencia sexual porque empezamos juntos y no tuvimos encuentros de ese tipo con otras personas, algo que es muy raro de decir en estos tiempos.

Una mujer como ella no es fácil de encontrar, pero tuve esa suerte casi por accidente; me queda el consuelo de haber sido su compañero de vida durante todos estos años, tratar de hacerla feliz en todo ese tiempo y haberle dado una hija, fruto de nuestro amor, quien siempre fue su mayor orgullo y su mayor logro; por todas esas razones es que es una compañera insustituible.

Y sí. En mi caso, el amor que siento por ella crece cada día que pasa, a pesar de habernos dejado; nos faltó tiempo para seguirnos amando y continuar disfrutando de nuestra gran amistad, ya que éramos inseparables y nos convertimos en la definición de las almas gemelas: una sola persona que estaba formada por dos partes y ahora una de ellas falta. Simplemente fuimos la pareja perfecta, cosa que lleva mucho tiempo para lograrse y donde la mayoría falla antes de llegar a ese lugar.

Es imposible saber con certeza lo que pasa después de la muerte, porque no existe nadie que haya ido para el mas allá y regresado para decir lo que sucede; lo que nos queda es creer en la existencia de algo que trasciende la vida y que podamos encontrar de nuevo a nuestros seres queridos en ese lugar que deseamos que exista. Si tal lugar existe, haré todo lo que esté a mi alcance para encontrar a Gitty y entregarle todo el amor que siento y que seguirá creciendo hasta el final de mi existencia. Mi amor por ella no desapareció con su muerte y tampoco terminará con la mía; mi amor por ella durará por toda la eternidad y trascenderá el tiempo y el espacio. Gitty, fue, es y será mi verdadero y único gran amor, la mujer de mi vida y de mi alma.